sábado, 26 de mayo de 2018

Secretos escondidos en las mayores obras de arte

Los misterios más secretos escondidos en las mayores obras de arte del Mundo.

La última cena, de Leonardo da Vinci

Una pintura que muestra a Jesús en la última cena con sus apóstoles y que se cree esconde claves sobre el fin del mundo. Mediante un puzle matemático oculto, es posible descifrar que, según Da Vinci, el fin del mundo se dará en el año 4406.

Muy bien, lo que estamos a punto de contarles es endemoniadamente raro.

Miguel Ángel no era el único que se divertía ocultando cosas en sus obras. Y quien más podría realizar algo así, más que otro genio del mismo calibre que Miguel Ángel, les presentamos, por supuesto, a Leonardo Da Vinci.

No, Da Vinci no ocultó nada parecido a la verdadera historia de la descendencia de Cristo en criptogramas, rompecabezas o lo que sea. Simplemente ocultó una canción en su obra La Última Cena.


Tal vez esos deliciosos rollos de canela esparcidos por la mesa, sean en realidad notas musicales ocultas.

De hecho, no sólo los panes, sino también las manos de Cristo y de sus apóstoles. Un músico descubrió que, dibujando un pentagrama a través de la pintura, las manos y los panes parecían alinearse perfectamente como las notas de una pequeña composición. Asumiendo, por supuesto, que las notas se lean de derecha a izquierda, que era como Da Vinci escribía. ¿No nos creen? Escuchen:



Incluso los escépticos reconocen que la armonía de la melodía es demasiado perfecta como para tratarse de una simple coincidencia. Después de todo, Da Vinci fue la máxima expresión de lo que llamaríamos un ‘Hombre del Renacimiento’, y uno de sus muchos, muchos talentos, era la música.

Pero esta locura no termina ahí. La misma persona que descubrió la música, asegura que la pintura contiene pistas para determinar el ritmo, e incluso la duración de cada una de las notas. Así que técnicamente el primer álbum que contenía mensajes ocultos en su música, fue: La Última Cena. Bien hecho Leonardo… bien hecho.

El pequeño Mozart, de Pietro Antonio Lorenzoni

Un retrato que nos muestra a Mozart a los 6 años parece bastante inocente, pero quienes lo analizaron creen ver allí signos que apuntan a la masonería, como las manos escondidas. Mozart, que tenía amigos cercanos dentro de la masonería, también habría sido parte de esta orden de privilegiados y que podrían considerarse entre los illuminati de la historia.


La Madonna con San Giovannino, de Domenico Ghirlandaio

Una pintura que retrata a María con un Jesús bebé en su regazo y un ángel detrás, es de las más controvertidas y no desde un aspecto religioso. No son pocos los que han notado que, por sobre el hombro de María en que se supone hay un paisaje, se puede ver un ovni muy detallado e iluminado por el sol.


La anatomía oculta en las obras de Miguel Ángel

En La creación de Adán, de Miguel Ángel, Dios está representado como un hombre mayor, de barba blanca y vestido con una túnica vaporosa; a su lado aparecen, presumiblemente, ángeles, y con su brazo izquierdo rodea a una figura femenina, probablemente Eva, quien espera su turno para ser dotada de la divinidad de Dios.

Adán, el primer hombre sobre la Tierra, aparece recostado, estático, mientras su brazo izquierdo se extiende para conectar con el dedo de Dios, y recibir con ello la chispa de la vida.


Esta pintura al fresco que el renacentista Miguel Ángel realizó entre 1508 y 1512 como parte de las obras de la Capilla Sixtina, representa el episodio del Génesis, el primer libro conocido en el Antiguo Testamento en el que se describe la creación del mundo y del hombre por obra de Dios.

Como coetáneo de Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel tuvo especial interés en la anatomía humana y los desnudos. Diseccionó cadáveres para estudiar el cuerpo y su estructura, y los conocimientos obtenidos los llevó a sus obras, un ejemplo es el David y, en general, su perfección para modelar la piedra, como el mármol, y la arcilla. Su experiencia como escultor le otorgó un entendimiento absoluto de la figura humana, el que trasladó a La creación de Adán, en la Capilla Sixtina. Dios y Adán aparecen en la misma postura en alusión a la sentencia en el Génesis que anuncia que “Dios creó al hombre a su imagen y semejanza”, sin embargo sus posiciones espaciales son distintas en representación del lugar que cada uno ocupa en el imaginario: Dios flota y se ubica ligeramente arriba de Adán, quien está recostado sobre la Tierra.


Esta primera lectura de una de las obras de arte fundamentales y mayormente reconocidas en el mundo es resultado de los conocimientos que se tienen del contexto en el que el renacentista llevó a cabo el fresco, además de sus estudios en anatomía y la representación del libro del Génesis. No obstante existen diversas teorías que apuntan a un simbolismo escondido en la pintura, específicamente sobre la figura de Dios. La más popular es la que el médico Frank Meshberger publicó, en 1990, en la Revista de la Asociación Médica Norteamericana. Meshberger especula que la especie de cúpula que cubre a Dios y sus ángeles es en realidad la representación del cerebro humano, lo que significaría que Miguel Ángel interpretó a Dios no sólo como dador de vida, sino que entregó al hombre una inteligencia suprema. Esta hipótesis la fundamenta en la faceta de Miguel Ángel como anatomista.


Dos décadas después de la teoría de Meshberger, los expertos en Neuroanatomía, Ian Suk y Rafael Tamargo, publicaron en la edición de mayo de 2010 de la revista científica Neurosurgery, nuevos hallazgos que desmenuzan la obra de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, específicamente sobre el primer fresco de la serie Génesis: La separación de la luz y las tinieblas.


La separación de la luz y las tinieblas es la primera de las nueve escenas del Génesis representadas en la bóveda de la capilla. El fresco alude al primer día de la creación cuando Dios “hizo la luz” y la llamó día por considerarla “buena”; la apartó entonces de la oscuridad, a la que llamó noche.

Miguel Ángel pintó a Dios visto desde abajo, en escorzo y con los brazos levantados. Sobre él parece que el cielo se abre y las nubes dejan pasar la luz, aunque ésta sólo apunta a una dirección, dejando una zona en penumbra. Suk y Tamargo descubrieron que justo en el cuello, en la extensión de la garganta, se puede ver la representación precisa de la médula espinal y un aparente cerebro humano.


Para los neuroanatomistas Miguel Ángel encriptó en el cuello de Dios un cerebro en el que se identifican un quiasma óptico, el puente troncoencefálico, llamado puente de Varolio, el lóbulo temporal, las pirámides del bulbo raquídeo y un pedúnculo cerebral. Esto justificaría las irregularidades anatómicas en la creación del cuello de Dios, pues no concuerda que siendo Miguel Ángel un experto en anatomía y en el manejo de la luz, haya pintado con tal deformidad la sección que conecta la cabeza con el torso. Suk y Tamargo sostienen que es esto un mensaje oculto que el renacentista plasmó en las protuberancias sobre el cuello de Dios, el que además, iluminó de forma determinante para convertirlo en el centro de atención.

Pero no sólo es la identificación de un cerebro lo que este par de investigadores, señalan, se descubre en el fresco. En el manto que viste Dios y cae sobre su torso se aprecia lo que parece la médula espinal, misma que asciende hacia su cuello y se conecta con el cerebro.


Estas aportaciones acuñadas por Suk y Tamargo continúan los supuestos que Meshberger identificó en La creación de Adán sobre un cerebro humano que envuelve la figura de Dios. Meshberger señaló el cerebelo, la glándula pituitaria, la arteria vertebral, la médula espinal y la cisura de Silvio.

El debate surge por sobre si Miguel Ángel pintó de manera consciente estas representaciones de la anatomía humana ancladas a su profundo conocimiento de las mismas, o si sólo son las abstracciones de tres individuos que, empeñados en dotar de simbolismos las obras renacentistas, intentan confrontar el conocimiento (en la figura de Miguel Ángel) con la autoridad de la iglesia. Además, siempre existe la posibilidad de que estos se hayan aventurado a hacer teorías sobre la identificación de cerebros por su formación como neuroanatomistas.

Sobre si Miguel Ángel hizo una declaración visual de que no es gracias a Dios que el hombre es poseedor de razón e inteligencia, sino es por la estructura regida por el cerebro, eso sólo lo supo el artista. Las especulaciones dan paso a un sinfín de interpretaciones, pero, indudablemente, la capacidad magistral de Miguel Ángel para combinar las esferas de la religión, la ciencia y la fe lo convierten en uno de los mejores artistas de su tiempo.

Mona Lisa, de Leonardo Da Vinci


Un genio no solo en el arte, sino que en la ciencia, Leonardo Da Vinci fue una de las mentes más privilegiadas de la historia y en La Gioconda, más conocida como la Mona Lisa, hay mucho más que una sonrisa difícil de describir. Quienes analizaron la obra ven números escondidos así como también iniciales. Se cree que Da Vinci dejó pistas de un código secreto en varias de sus obras.

Con sede en el Museo del Louvre en París, Francia, números y letras aparecen en toda la pintura, desde las iniciales del pintor en el ojo derecho con el número 72 en el arco del puente en la parte posterior. Algunos también argumentan que la pintura se pudo haber hecho en la década de 1490, debido al número 149 en la parte posterior de la imagen, con un cuarto dígito borrado.

De acuerdo con los científicos, Da Vinci hizo ‘inalcanzable’ la sonrisa de las mujeres de sus pinturas tras mezclar hábilmente los colores y explotando de esta manera la visión periférica del espectador. Gracias a esta técnica, bautizada ‘sfumato’, la forma de la boca del sujeto parece cambiar según el ángulo y punto de vista.

Así, si se observa la pintura directamente, la inclinación de la boca mira hacia abajo, mientras que a medida que el ojo se mueve hacia otro lugar la boca parece tomar un giro hacia arriba, creando una sonrisa que solo puede ser vista indirectamente, al igual que la de la Mona Lisa.

Los investigadores señalan que muchos artistas intentaron imitar el truco creado por Da Vinci, pero ninguno logró repetir el éxito de ‘La Gioconda’.


Da Vinci utilizó una técnica que refleja una ilusión óptica, fue denominada la 'sonrisa intocable''.

El profeta Zacarías, de Michelangelo

Uno de los frescos que adornan la Capilla Sixtina y que guarda varias obras, algunas de ellas dedicadas a profetas. Pese a no ser una de las más destacadas, la del Profeta Zacarías es tan importante como curiosa. En esta obra, el autor no habría pensado en el profeta Zacarías, sino que en el Papa Julio II, con el cual tenía una pésima relación, y los ángeles que se ven detrás del personaje, estarían insultándolo con el clásico gesto del dedo medio levantado. Un mensaje sutil que seguramente le causo placer a Michelangelo.



No hay comentarios:

© Copyright – “Más Allá del Misterio” se reserva todos los Derechos.

El presente artículo puede ser publicado total o parcialmente, si el autor y/o autores del sitio web se afirman claramente y ubique obligatoriamente el link directo, como fuente “masdelmisterio.blogspot.com” junto al artículo

http://masdelmisterio.blogspot.com.es/

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...